Hay decisiones que cambian el lugar desde el que estás
Hay algo que he entendido estos días:
callar para no romper, también rompe.
Durante mucho tiempo he guardado cosas.
No porque no dolieran,
sino porque no encontraba la forma de decirlas sin hacer más daño.
Hasta que un día, se pueden decir desde otro lugar.
No desde el desborde.
Sino desde el amor.
Y desde la comprensión.
Estos días, una historia me ha acompañado.
Y una frase se me quedó dentro:
“Habría sido una lástima darme por vencida.”
Me hizo pensar en todo lo que implica seguir.
Seguir cuando duele.
Cuando falta.
Cuando una siente que haga lo que haga, no es suficiente.
Pero también en lo que pasa cuando una deja de callarse.
Esta semana he tenido una conversación importante.
No ha sido perfecta.
Pero ha sido honesta.
Y ahí he entendido algo que me cambia:
comprender no siempre significa aceptar.
Puedo entender a los demás…
y aun así, no aceptar lo que me ha dolido.
Y decirlo sin gritar.
Sin atacar.
Pero sin volver a callarme.
Porque esta vez, no quería traicionarme a mí.
Y cuando dejas de hacerlo, algo cambia.
Empiezas a ver con más claridad
qué puedes sostener…
y qué ya no.
Y en ese proceso, algo también se recoloca dentro.
Porque aunque por fuera haya sido invierno muchas veces,
hay algo que no se ha apagado.
Algo que ha seguido.
Partes que han seguido vivas..
Y desde ahí, he tomado una decisión:
cerrar una puerta de mi jardín
por la que seguía entrando un aire que lo ensuciaba.
No desde el rechazo.
Sino desde el cuidado.
Porque cuidar también es poner límites.
Y en medio de todo esto, algo empieza a moverse.
Después de mucho tiempo sosteniendo,
hay una oportunidad que está a punto de empezar.
Y no llega por casualidad.
Llega porque no me he rendido.
Porque, aunque a veces haya sido invierno,
he seguido.
Y hoy, por primera vez en mucho tiempo,
siento que algo dentro ya no está en lucha…
sino empezando a estar en paz.

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