8 de marzo: también somos las veces que volvimos a empezar

Cada vez que una mujer vuelve a sí misma, cuenta.

Hay días que no deberían pasar de largo.

El 8 de marzo es uno de ellos.

No solo porque sea una fecha señalada.
No solo porque hable de derechos, de igualdad o de todo lo que todavía queda por hacer.

Sino porque invita a detenerse y mirar con verdad la historia que muchas mujeres han sostenido —y siguen sosteniendo— casi siempre sin ruido.


El origen de este día nos recuerda precisamente eso.

El Día Internacional de la Mujer nació de las luchas de mujeres trabajadoras que, a comienzos del siglo XX, reclamaban condiciones dignas, derechos laborales y una vida más justa. Con el tiempo, esta fecha se convirtió en un símbolo mundial de esa búsqueda de igualdad y reconocimiento.

Pero más allá de la historia oficial, también habla de muchas otras historias.

Pienso en las que estuvieron antes.

En las que abrieron camino sin tener apenas espacio.
En las que aprendieron a resistir cuando ni siquiera podían nombrar lo que les dolía.
En las que siguieron adelante aun cuando todo parecía ponerse más difícil.
En las que cuidaron, trabajaron, estudiaron, callaron demasiado y, aun así, siguieron sosteniendo la vida.

Pienso también en las mujeres corrientes.
Las de cada día.
Las que no salen en titulares.
Las que madrugan, resuelven, acompañan, renuncian, vuelven a intentarlo.
Las que cargan con mucho más de lo que se ve.
Las que se rompen a ratos y, de alguna manera, encuentran fuerzas para recomponerse.


Porque ser mujer, muchas veces, también ha sido aprender a hacerse espacio por dentro y por fuera.

Aprender a no olvidarse de una misma mientras se responde a todo.
Aprender a reconstruirse cuando la vida obliga a cambiar de rumbo.
Aprender a sostener la ternura sin renunciar a la fortaleza.

Y no hablo de una fortaleza perfecta.

Hablo de esa otra.
La real.
La que tiembla.
La que duda.
La que se cansa.
La que a veces siente que no puede más… y aun así da un paso pequeño más.


Hay una forma de fuerza que no siempre se aplaude.

La de la mujer que sigue.
La de la mujer que estudia aunque llegue agotada.
La de la mujer que crea algo propio desde cero.
La de la mujer que se reinventa cuando habría sido más fácil rendirse.
La de la mujer que aprende a confiar en sí misma después de mucho tiempo poniéndose en último lugar.

Esa fuerza también merece ser nombrada.


Porque no todo avance hace ruido,

ni toda transformación se ve desde fuera.


A veces cambiar la vida empieza en lugares muy pequeños:

poner un límite, retomar un proyecto, volver a estudiar, decir “yo también importo”, empezar de nuevo con más verdad.


Tal vez también somos eso.


Las veces que nos caímos.

Las veces que sostuvimos.
Las veces que callamos.
Las veces que dijimos basta.
Las veces que nos tocó volver a empezar.


Y, aun así, aquí estamos.

Construyendo.
Aprendiendo.
Creciendo.
Abriendo camino, incluso cuando todavía no sabemos del todo adónde lleva.


Hoy, 8 de marzo, me nace recordarlo así:

con gratitud por las que vinieron antes,
con respeto por las que luchan cada día,
y con cariño por todas las mujeres que están intentando, a su manera, sostener su vida y
su lugar en el mundo.

Porque a veces creemos que nuestra historia es pequeña.


Y no lo es.


Cada paso cuenta.

Cada decisión cuenta.
Cada vez que una mujer vuelve a sí misma, cuenta.



A todas ellas.

A todas nosotras.

Que no se nos olvide nunca el valor de seguir.



2 comentarios
  1. Alejandra
    Alejandra Dice:

    Madre mía!!!!! Qué preciosidad!!!!!
    Enhorabuena Gloria, me has hecho llorar de emoción…..que delicadeza y fuerza a la vez…..
    Me falta los emojis para mandarte miles de besos y aplausos…..

    Responder

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Compártelo si crees que puede ayudar a alguien 💜